La ciudad no dormía, y no por voluntad propia. Era martes por la noche y mientras algunos se preparaban para descansar, otros vivían minutos de terror. Entre las 8 y las 11 de la noche, tres colonias distintas de León se convirtieron en escenarios de violencia: disparos, cuerpos en el suelo y familias destrozadas marcaron una jornada sangrienta que dejó tres personas muertas y dos heridas, entre ellas una menor de edad.
Todo comenzó a las 8:16 de la noche. En la calle Balcón de los Rabijuncos, en Balcones de la Joya, se escucharon disparos. Vecinos salieron con temor a ver lo que ya se imaginaban: un hombre, desconocido para muchos, yacía sin vida sobre el pavimento. A su alrededor, los casquillos marcaban el conteo del horror: cinco disparos.

Apenas pasaron 28 minutos cuando el sonido de las sirenas cambió de rumbo. Esta vez, fue en Lomas de Vista Hermosa, en la esquina de Andalucía y Asturias, donde se reportó un nuevo ataque. Raymundo Alejandro, de 35 años, fue la víctima. Herido de gravedad, fue trasladado de urgencia a un hospital, mientras los peritos recogían otros cinco casquillos.

PERO LO PEOR ESTABA POR VENIR.
A las 10:44 de la noche, el silencio volvió a romperse, ahora en San Juan Bosco, en la esquina de Navarra y Ciudad Rodrigo. Los disparos fueron más numerosos, más violentos, más despiadados. Dos personas murieron en el lugar y una adolescente de 16 años fue alcanzada por las balas. La escena fue caótica: gritos, llanto y doce casquillos desperdigados sobre el asfalto.

En los tres casos, las autoridades ministeriales realizaron el peritaje correspondiente, recabando evidencias balísticas y procesando las escenas con apoyo de peritos criminalistas. Posteriormente, los cuerpos inertes fueron llevados a las instalaciones del Servicio Médico Forense, donde se buscará confirmar su identidad y determinar oficialmente las causas de muerte.
En menos de tres horas, cinco familias quedaron marcadas por la tragedia. Tres personas no regresaron a casa, y dos más luchan por su vida.
Las investigaciones están en curso. Pero en los barrios donde el plomo habló, el miedo se quedó.