Minutos antes de las 9:00 de la noche, sujetos armados irrumpieron en el establecimiento. No solo despojaron de sus pertenencias a quienes estaban dentro, sino que también los sometieron con cinta adhesiva en manos y pies, además de cubrirles la boca para impedir cualquier intento de auxilio.

Cuando los uniformados de la Secretaría de Seguridad Ciudadana llegaron al lugar, encontraron una escena de tensión: en una de las oficinas permanecían tres personas una mujer y dos hombres maniatadas e incapaces de hablar por el shock que vivían. La incertidumbre sobre si fueron torturados se mantiene, pues por la crisis emocional ninguno pudo dar testimonio inmediato.
Hasta ahora se desconoce el monto de lo robado. Lo cierto es que, más allá de las pérdidas materiales, el golpe fue simbólico: la funeraria, considerada parte de la memoria colectiva de la ciudad por su antigüedad y trayectoria, quedó marcada por un hecho que refleja la vulnerabilidad de negocios que han acompañado a generaciones de familias.
La Fiscalía General del Estado ya tomó el caso y mantiene abierta la investigación. Mientras tanto, los habitantes de la colonia Jardines de San Francisco observan con asombro cómo un sitio que solía asociarse con la solemnidad y el respeto se transformó, en cuestión de minutos, en un punto de miedo e incertidumbre.