Silao volvió a estremecerse este viernes. Cerca de las 10:40 de la mañana, en un camino de terracería que conecta la comunidad Loza de Barrera con el fraccionamiento Colinas del Sur, fue localizado un cuerpo sin vida en condiciones aterradoras: maniatado, calcinado y abandonado entre los surcos de un campo de agave, como si alguien hubiera querido borrar cualquier rastro del crimen.

Este hallazgo no es un caso aislado, sino otro eslabón en la cadena de violencia que está asfixiando al municipio. Apenas días atrás, la Comisión Estatal de Búsqueda localizó tres cuerpos enterrados en una finca abandonada, un descubrimiento que destapó la profundidad de la violencia oculta bajo la tierra silaoense.

Y mientras los homicidios siguen saliendo a la luz, la delincuencia común también se ha desbordado: asaltos a comercios, robos a transeúntes a cualquier hora del día y el robo imparable de motocicletas que mantiene en vilo a colonias enteras.
Silao está viviendo una escalada criminal imparable. Cada cuerpo encontrado, cada negocio asaltado y cada moto robada son una bofetada a una población que ya no sabe a quién recurrir ni cuánto tiempo más podrá resistir. La violencia dejó de ser una noticia: es la nueva normalidad de un municipio que exige respuestas antes de que sea demasiado tarde.
